martes, 8 de enero de 2013

Manuscrito.

Manos temblorosas 
reflejan la frialdad,
esta bipolaridad
me consume
y enciende esta mecha,

llego la hora de la venganza,
es hora de despertar del letargo,
los cuervos gritan 

sin cesar mi nombre.

El verdugo
plasma el hedor a muerte
en este manuscrito,
asesino de parásitos y creyentes,
arderá en llamas

la iglesia del sol poniente.
se desatan las guerras con dioses
por no seguir el llamado.

Aun se siente
ese murmullo incesante
en el oído,
cada pensamiento doblega
mi conciencia.

La noche y el fuego
caminan conmigo,
la oscuridad llenan mis bolsillos,
la verdad se pudre
entre dientes,
la soledad sigue condenándome
sin mediar tregua alguna.

La verborrea chorrea
a borbotones de mi boca,
me retuerzo en el piso,
me encorvo
como un gusano,
enrollo mi cuerpo
como el de la serpiente...


volvió el otoño
en forma de cicatriz y tormento.
.
.
.
la maldad del invierno
se disfraza en primavera.










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